domingo, 25 de noviembre de 2012

Los extremistas religiosos se preparan para la batalla después de la muerte de una india por aborto negado



Praveen y Savita Halappanavar
Como siempre ocurre cuando el asunto del aborto aparece en Irlanda, los chanchullos en caso de la muerte de Savita Halappanavar no se han hecho esperar.

Comenzó el mismo día después de que la noticia saliera a la luz. Aodhán O Riordáin, un diputado en la coalición gubernamental que había hablado a favor de la implementación de la ley que permitiría el aborto cuando hay riesgo para la salud de la madre, fue el primer blanco.

Cientos de sus electores en Dublín recibieron llamadas en que se les informaban de que O Riordain ‘quiere el aborto sin límites en Irlanda’. El despacho de O Riordáin se inundó de llamadas, algunas enfadadas, otras que explicaban que reconocieron la campaña de desprestigio para lo que fue. No obstante, en una nación donde el aborto divide al pueblo como ningún otro asunto, O Riordáin no va a salir totalmente limpio de aquel intento de ensuciar su reputación.

Desde entonces, miles de personas de todo el país han recibido llamadas automáticas de un sistema de marcación, que deja mensajes en el móvil del destinatario como “Irlanda es uno de los lugares más seguros del mundo para dar a la luz” y “no necesitamos un cambio de la ley”. Las autoridades han lanzado dos investigaciones para descubrir quien está detrás de ellas, y el spammer podría ser multado €5,000 por cada llamada no solicitada.

En la segunda lugar, vinieron los repartidores de incertidumbre. Entre ellos, destacan los del Instituto Iona, un centro de estudios católico ultraconservador que, a pesar de su pequeño número de socios , aparece con regularidad en los medios irlandeses para presentar el caso ‘pro-vida’. ‘No sabemos aun lo que ha pasado’, dicen. ‘No hay ninguna prueba de que un aborto hubiera salvado la vida de Savita’. Praveen Halappanavar, que vio cómo su mujer agonízaba durante casi una semana entera, lo cuenta distinto.

El tercer obstáculo en la búsqueda de Praveen Halappanavar de respuestas fue la intransigencia oficial. El Ejecutivo de Servicios de Sanidad (HSE, en sus iniciales en inglés) intentó inicialmente a rellenar el equipo de indagación formado por siete personas con nada menos que tres especialistas del mismo hospital en el que murió Savita. Como era de esperar, Sr Halappanavar decidió no cooperar con la investigación y pidió en lugar de ella una comisión de investigación pública.

El ‘establishment’ dentro de la profesión medica rápidamente comenzó a cerrar filas. Mejor no tener todo en público, porque los testimonios pueden ser ‘distorsionados’, afirmó Peter Boylan, ex jefe del hospital de maternidad dublinés The Rotunda a la cadena nacional irlandesa RTE. Sino, todo podría sumirse en ‘un circo’. Un día más tarde, aprendimos que el historial médico de Savita no tiene ninguna mención de sus pedidos reiterados de que le interrumpieran su embarazo. Tiene detalles de que pidió té, pan tostado y una manta – pero nada más. Y esto será el documento clave para la investigación, que procederá a pesar de la falta de cooperación del único testigo constante a los eventos, su marido.

El primer ministro Enda Kenny constantemente da rodeos, elude preguntas y ofrece respuestas imprecisas en su intento desesperado de evitar ser el próximo blanco de los extremistas que se ven como los custodios morales del país y que están dispuestos a hacer cualquier cosa para impedir un cambio al statu quo. Vale la pena recordar que nadie (aparte de los alarmistas ya mencionados) habla de la introducción del aborto. El asunto tiene que ver sólo con la clarificación de la ley para que eviten más muertes como la de Savita, un cambio simple que permitiría un aborto cuando la salud de la mujer está en riesgo, no sólo la vida, como dice la ley actual.

No es una exageración describir a esta gente de la que hablo arriba como nuestra propia versión irlandesa del Talibán. Es gente semejante, cuya deferencia absoluta a la iglesia católica y cuyo tratamiento cáustico y mojigato de cualquiera que lo cuestionó su autoridad, dejó libre a los curas pedófilos que destruyeron la vida de miles de niños durante décadas. Acostumbrados a llevar la voz cantante, se han opuesto a cada paso hacia una sociedad irlandesa más secular, como la introducción de la contracepción (ilegal hasta 1980), matrimonio homosexual (legalizado el año pasado) y el divorcio (legal desde 1996).

Una de ellos, una mujer llamada Mina Bean Uí Chroibín, intervino repetidamente para frustrar los esfuerzos de trabajadores sociales para ser los tutores legales de los hijos de una madre acusada de abusos en el condado rural de Roscommon. En 2000, la madre, con la ayuda y el consejo de Uí Chroibín, obtuvo una orden del tribunal superior que mantuvo su familia con ella. Nueve años más tarde, la mujer fue condenada a prisión por someter los mismos niños a una letanía de abuso físico y sexual y negligencia. El juicio escuchó como los seis niños vivían sin comida en una casa lleno de ratas y ratones muertos y con piojos tan grandes en el pelo que se les podía ver corriendo por sus frentes.

Habrá mucho más en este asunto sórdido, y veremos mucha más difamación, calumnia y trapicheo antes de que lleguemos a la verdad de lo que pasó con la pobre Savita.

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