martes, 11 de diciembre de 2012

Regreso al futuro: más de lo mismo en Irlanda del Norte



















¿En qué tipo de sociedad demostraría un grupo político su lealtad al estado con un atentado con cóctel molotov contra una policía sentada en su coche? Sólo en Irlanda del Norte, donde la violencia de la semana pasada en torno a la izada de la bandera británica en el Ayuntamiento de Belfast ha recordado tristemente de que la región tiene todavía dos tribus profundamente divididas.

El Ayuntamiento, dominado por partidos nacionalistas y transcomunitarios, votó el 3 de diciembre a restringir el despliegue de la Union Jack a 17 días designados por año, como en otros edificios estatales de la región, el parlamento incluido.

El compromiso es parte de un movimiento creciente en Irlanda del Norte que acepta que no hay que ondear los símbolos en la cara de los otros para que no olviden quién manda. Hay un reconocimiento general de que, Irlanda del Norte quedará como parte del Reino Unido en el futuro inmediato, pero no hace falta restregarlo a los nacionalistas que preferían tener una Irlanda unida y que no se consideran británicos.


Algunos unionistas, sin embargo, no aceptaron esta disminución de su antiguo dominio, y diputados de los dos partidos más grandes de esa comunidad, el DUP y el UUP, instaron a la gente a tomar la calle. Una multitud lealista respondió con un asalto contra el edificio del Ayuntamiento pero sus esfuerzos por derribar la puerta de atrás fueron parados por la policía a golpe de porra. Desde entonces, hemos tenido violencia cada noche en Irlanda del Norte, con un balance de 38 personas detenidas y 29 policías heridos.

Las oficinas del multiconfesional Partido de Alianza en Carrickfergus, cerca de Belfast, fueron quemadas. Varios diputados del partido recibieron amenazas a muerte y la policía tuvo que vigilar sus casas y oficinas. El atentado contra el coche patrulla ocurrió en la oficina de la diputada del partido Naomi Long y la agente que ocupaba el coche apenas consiguió salvarse de las llamas. También lanzaron una bomba contra la casa de otro concejal de Alianza en el pueblo de Bangor.

Después de incitar a una muchedumbre que se descontrolaba cada vez más, los políticos unionistas intentaron poner el corcho a la botella de nuevo. Mike Nesbitt, líder del UUP, declaró: “Es anti-británico atacar a un agente de la policía, es anti-británico atacar a un representante electo.” Desgraciadamente, sus palabras tendrán poco impacto en los extremistas ultraderechistas que se ven como los defensores verdaderos de la unión con Gran Bretaña.

A su partido y al DUP, les han echado la culpa por su papel en fomentar los disturbios. Como comentó el ministro de justicia regional, el líder del Partido Alianza, David Ford: “La violencia que tuvo lugar en el Ayuntamiento y alrededor de la Iglesia de St Matthew fue la responsabilidad de dos grupos. Primero, los que vinieron al ayuntamiento buscando pelea, atacando a la policía y a los empleados del Ayuntamiento.

“Pero hay otro que grupo también tiene la responsabilidad. Los políticos del DUP y el UUP instigaron a esta manifestación, con panfletos y con el uso de redes sociales. Ellos llamaron a la gente a la calle. Debieron haber sabido, por la experiencia tan reciente de este verano, que la violencia era inevitable. No pueden evitar su responsabilidad.”

Según la policía, muchos de los que orquestan las manifestaciones son de los paramilitares lealistas. Durante los oscuros días de los Troubles, estos ‘patriotas’ solían responder a ataques del IRA con asesinatos de católicos ordinarios. Tras el Acuerdo de Viernes Santo en 1998, se liberó muchos de ellos de las cadenas perpetuas que cumplian por aquellos asesinatos.  Desde entonces han sido aplacados con dinero publico para sus comunidades, pero siguen activos y siempre buscando oportunidades, como esta, que pueden aprovechar al máximo.

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